Si Apple no inventa algo en 2013, huyamos

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Hace poco, un sabio me dijo que nunca compraría acciones de Apple. Contesté que los que decían eso hace 5 años se muerden los dedos. No le pareció rara la expresión ya que los dos somos franceses. Me explicó el por qué: tiene un negocio con muy pocos productos y resulta demasiado peligroso.

Casi no hay multinacionales con un catálogo tan fino

Basta con que no sepan producir smartphones más atractivos (#Nokiaremembers), que un competidor imponga una tableta superior (#Samsunglikesthis) o que un nuevo producto trastorne el mercado (#Googledreamsit) para que gajos enteros del volumen de negocio de la manzana sea mordisqueado. Me pregunté entonces, sobre qué se asentaba el éxito de Apple y creo que la receta es identificable.

Apple inventó 3 cosas

Al principio, y probablemente sigue siendo el legado más valorable de Steve Jobs, los cupertinos inventaron un prodigioso y casi religioso marketing de la emoción: así consiguieron una inimitable asamblea de feligreses. De esta forma el iPod, vulgar lector de mp3, llegó a ser un nombre común.

El segundo día, Apple creó el móvil táctil, y Apple vio que el iPhone era bueno. Y se rió a placer al saber que los departamentos de I+D necesitaban dos años para generar un producto competitivo en un mercado en el que la normalidad es ser medieval tras un cuatrimestre.

El tercer día, Apple creó la tableta, y Apple vio que el iPad era buenísimo. Se rió al ver cómo seguían complicándonos la vida a la hora de diseñar las plantillas de mailing en Sarbacán y, transformado el Rey Midas en Tío Gilito, empezó a cosechar una montaña de oro.

Apple es el rey por su corona y por su cetro

La corona que hizo rey a Apple, y que transformó a la empresa en la más grande del mundo, es su marketing de la emoción, con un diseño de productos consustancial. Podemos considerar que a medio plazo esta corona, esencia de la empresa de la manzana, no está en peligro. Lo que imanta la mirada de los inversores es la eficacia del cetro del rey, ese maravilloso bastón capaz de mandar al éxito la invención, no sólo de productos, sino de nuevos usos y nuevos mercados.

Este cetro sólo brilló dos veces, y pueden haber sido dos asombrosas estrellas fugaces. Hubo una tarde y una mañana, pero todavía no se sabe si habrá un mañana. Crearon el iPhone en 2007. Crearon el iPad en 2010. Y si no inventa algo en 2013, huyamos.

Paul de Fombelle es Director General de Sarbacán Software. Aterrizó en Barcelona a principios de 2011 con la intención de acercar los servicios de Sarbacán (programa dedicado al envío de correo masivo) a las pymes de España. Anteriormente ocupó el cargo de Director Delegado en una editorial francesa e implementó diversas estrategias de comunicación impresa y online en París y Buenos Aires. Titulado en Ciencias Empresariales por La Sorbonne y en Edición de Contenidos Editoriales por la Universidad París XIII, ha vinculado su actividad profesional al desarrollo de pequeñas organizaciones y proyectos relacionados con el e-commerce. Sarbacán, programa de emailing pensado para PYMES - www.sarbacan.es - @sarbacansoft

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